sábado, 29 de octubre de 2011

Una Historia de Rapture. Parte 2

Los tres días pasaron rápido, me acerqué a la sastrería que había visto en el anuncio desde la cabina, estaba regentada por Winston, sin ningún apellido, ya que allí las personas se consideraban únicas y no necesitaban un apellido para diferenciarse unos de otros. La Ssastrería Winston era la única de Rapture, al igual que sólo había una tienda de muebles y sólo una tienda que vendía cada cosa, y todo ello era mejor que lo mejor que había visto en la tierra. Pues aquí solo dejaban entrar a los mejores para que hiciesen lo mejor.
La fiesta de presentación se realizaba en una cámara llamada Soc Hall, la cual estaba formada por salas de ocio social, como el Teatro, el Auditorio, y la Sala de Fiestas. Me puse el traje de fiesta que me compré en la Sastrería Winston, un smoquin granate sin ninguna pieza metálica. Me sorprendió que no viniesen con el traje, pero Winston me explicó que las piezas metálicas no eran ornamentales, eran accesorios personalizados que los Ciudadanos necesitaban, aunque la mayoría de ellos no eran necesarios para las fiestas de presentación, con lo que no me compré ninguno en esos tres días.
Llegué a la fiesta un poco antes de las 20 horas. Norman me estaba esperando en la entrada. Me saludó y entramos a la Sala de Fiestas. La Sala de Fiestas se asemejaba a un cabaret, no era muy grande, la entrada se encontraba libre excepto por un mostrador que hacía las veces de ropero, más adelante había unas mesas situadas perfectamente para poder sentarse a mirar el escenario. Bajo el escenario se situaba la orquesta, la cual se veía gracias a que el escenario estaba echo de cristal. La gente se sentaba en las mesas mientras que camareros enmascarados y con más metal de lo habitual les servían copas.
-¿Quiénes son los camareros?- le pregunté a Norman.
-Amigo mío, has formulado mal la pregunta, lo correcto sería preguntar qué son.
-Y, ¿qué son?- respondí contrariado.
-Son nuestros Autómatas Sirvientes. Nuestros mayordomos mecánicos, por así decirlo.
-Pues parecen humanos.
-Eso, amigo mío, es por una razón muy simple: están echos a partir de seres humanos.- me contestó sin ningún tipo de expresión en su rostro, asumiendo que era lo más normal del mundo- Son, por así decirlo, robots con soporte humano.
-Pero... Norman... -balbuceé, confuso- ¿Quién... Quién se prestaría a tal cosa?
-Nadie, mi perplejo colega, nadie se prestaría a tal cosa.- Y, al ver mi expresión, continuó- Te explicaré, Adrien, esos humanos que están dentro de los Autómatas son los ciudadanos que se pasaron de la raya, los ciudadanos que pusieron en peligro nuestro afán de progreso, los ciudadanos que no supieron controlar sus impulsos para mejorar nuestra subacuática civilización. En conclusión, esos humanos son los criminales de Rapture, pero ya no son humanos, ahora son los Autómatas Sirvientes.
-Eso no es un poco...
Me interrumpí, Lucy acababa de entrar. Llevaba un vestio de fiesta largo y rojo. Se había recogido el pelo y llevaba los labios pintados del mismo color  que el vestido. Se acercó a mí y me dio un abrazo, me sentí vulgar a su lado.
-Es nuestro momento- me susurró al oído, sonriendo.
Cuando nos separamos, la expresión de Norman iba un poco más allá de la incredulidad. En el escenario apareció un hombre:
-Conciudadanos, amigos.- dijo por el micrófono- Hoy damos la bienvenida a nuestra Sociedad a 6 nuevos Ciudadanos, que nos mostrarán por qué están aquí.
La gente aplaudió.
-Comenzaremos con la técnica y después pasaremos al espectáculo. Así que, demos la bienvenida al doctor Cooper.
Un hombrecillo subió al escenario de cristal y dijo algunas cosas sobre un proyecto de física acerca del cual no entendí nada. Así se sucedieron otros dos hombrecillos más a los que no escuché. Después llegó un acróbata que hizo algunos trucos sencillos, probablemente por culpa de la poca movilidad que le dejaba el traje que se había puesto. Después llegó mi turno. Cuando subí al escenario, ya había un piano allí. Hice mi ritual: miré el piano lentamente, era precioso, negro, sin ninguna marca, hecho a mano. Me senté, subí la tapa del piano poco a poco y acaricié las teclas. Toqué una nota, mi nota favorita, si bemol, sonaba como un quejido lánguido, perfecto. Comencé a tocar, era una pieza sencilla, entretenida, solía acompañarse con voz, que contaba una historia trágica, preciosa. Pero, si sabías escuchar, la pieza contaba la historia por sí sola. Escogí esta pieza por eso mismo, no iban a ser ellos los únicos que me juzgarían a mí, yo también les juzgaría a ellos.
La pieza avanzaba poco a poco, se acercaba a la parte de la historia con delicadeza. Una cadencia,y llega la historia. Una voz comenzó a sonar, una mujer, cantaba la historia. Levanté la vista del piano, un vestido rojo se mecía al ritmo de la música, al ritmo de la voz más hermosa que había escuchado nunca. Lucy cantaba, y las lagrimas bajaba por mi cara y caían sobre las teclas del piano acompañando a la melodía. Ambos estábamos quietos, pero nuestras almas bailaban al son de la historia, y la representaban como si de una obra teatral se tratase.
La canción terminó y la música se apagó, y sobrevino el silencio. El silencio se rompió por el sonido de los tacones de Lucy, que se giró hacia mí. Una lágrima le caía por su mejilla izquierda sin alterar su maquillaje. Me levanté y miré a sus ojos verdes. Se acercó a mí, me abrazó, se estremeció, y me besó, sin importale que todo el mundo nos juzgaba desde abajo. El beso duró sólo un instante. Los diez minutos siguientes pasaron muy rápido, la gente aplaudía, ella me cogió de la mano y echamos a correr, me llevó a su casa e hicimos el amor.
Los meses se sucedieron, actuábamos todos los fines de semana, y entre semana grabábamos en el estudio de Norman, teníamos éxito y, sobre todo, nos teníamos a nosotros mismos. El Addam hacía que nuestro arte fuese cada vez mejor, el Addam hacía que nosotros fuésemos cada vez mejores, nuestra vida giraba en torno a nosotros y a nuestra música, y el Addam hacía que el giro fuese cada vez más rápido. Nunca tuvimos suficiente dinero para conseguir nuestra propia Little Sister, pero tampoco nos importaba, el Addam era fácil de conseguir para nosotros.
Pero el tiempo siempre hace que las cosas se pudran, y, a pesar de que nos la habían vendido como tal, Rapture no era la excepción. La gente dejó de mudarse a Rapture, y los crímenes se sucedían, los científicos o artistas obsoletos que no tenían suficiente dinero para conseguir Addam mataban al resto de las personas para sacarlo de sus cuerpos. La población de Rapture descendía rápidamente y la gente se sentía menos segura, el número de Big Daddy's aumentó, aunque los Big Daddy's solían proteger a las Little Sisters. La audiencia de nuestras actuaciones disminuyó, y tambien la audiencia del programa de Norman, entonces las vacas flacas llegaron. Y, poco a poco, llegó el día en que se nos acabó el Addam.

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