viernes, 21 de octubre de 2011

Una Historia de Rapture. Parte 1

Se la veía excitada en la cabina mientras descendíamos. Sus ojos brillaban mientras observaba la proyección y escuchaba lo que nos decía probablemente una grabación de voz. Muchos de los que bajaban con nosotros  hubieran dicho que ese brillo estaba provocado por el reflejo de la luz de la proyección en las capa protectora de líquido de sus ojos que se había incrementado por estar mirando fijamente la proyección durante mucho tiempo, e incluso sospecho que ella también lo hubiera dicho. La verdad es que yo quizá era demasiado irracional para estar allí, pero allá ellos, fueron los que me invitaron.

En aquel vídeo nos hablaron del lugar hacia el que estábamos bajando, aunque no supe bien si era mejor mirar al vídeo o al exterior de la cabina, pues esta era de cristal y nos mostraba un espectáculo embriagador. Rapture, la ciudad submarina a la que nos dirigíamos, nos daba la bienvenida con sus luces, sus enormes cámaras y sus tubos conectores por los que podría pasar un ornitóptero sin tocar las paredes. Rapture era la ciudad secreta de los genios locos. Aquí encontrarías a un científico capaz de clonar cien hombres y fusionarlos para hacer un cienpiés humano. Aquí encontrarías a un chef capaz de utilizar sangre humana para sazonar una ensalada que fuese la más sabrosa del mundo. Aquí encontrarías a un deportista capaz de dispararle a las piernas a su rival en medio de un maratón. Aquí encontrarías un músico que salvaría antes a un piano que al pianista, al menos podrías haberlo encontrado después de que entrásemos a la ciudad, pues ese era yo. Todos nosotros éramos invitados por el fundador, del que nada se sabía, y todos teníamos algo en común: éramos unos cobardes que huíamos de una sociedad que no nos dejaba hacer lo que queríamos, unos niños que se van a su cuarto cuando sus padres no les dejan jugar.

Entramos a una cámara con las paredes opacas, el vídeo terminó y comenzaron a pasar ante nuestro ojos carteles publicitarios: "Para la mejora de tu rendimiento, ¡Addam! Compra tu propia Little Sister desde 3000 créditos"; "Beretta 16, para cazar a tiros tiburones y vecinos"; "Sastrería Winston. A la última para tu presentación social desde 10 créditos"; "Autoburbujas Igneel, el transporte más rápido desde 50 créditos"; "Para proteger al Ciudadano, Big Daddy, la policía de Rapture". Sólo pude quedarme con los más grandes, pues el resto no conseguía verlos del todo con la velocidad a la que íbamos, aunque al terminar el recorrido tenía la sensación de que conocía todos los nuevos productos que se anunciaban en la entrada a Rapture.  La cabina paró suavemente y todos bajamos al vestíbulo del Welcome Hole, que era el nombre de la cámara en cuestión.

El susodicho vestíbulo estaba lleno de gente, los hombres vestían con smoquin de tonos marrones o negros y un sombrero de copa a juego, todos ellos llenos de piezas metálicas que parecían no tener alguna función. Las mujeres vestían pantalones ajustados y blusas de diferentes colores, o vestidos largos de colores vivos. Norman llevaba un smoquin granate casi sin piezas metálicas y un sombrero de copa negro del que salía un sistema que se ajustaba a su oreja derecha. Cogí mi mochila y fui a encontrarme con él. Al encontrarme con él apareció ella a nuestro lado, era morena y sus ojos verdes miraban con curiosidad a todo menos a Norman.  Norman nos miró a ambos y sonrió:
-Adrien- dijo mientras me tendía la mano- me alegra que finalmente hayas decidido venir.
Estreché su mano sin que disminuyese la curiosidad que tenía por ella. Él la abrazó:
-Lucy, no conoces a Adrien, ¿verdad?
Lucy, se llamaba Lucy, y me miró con sus ojos verdes:
-Le he escuchado- dijo, dirigiéndose más a mí que a Norman-, ¿suficiente?
-Depende de si has escuchado de verdad o no...- contesté, solía ponerme nervioso cuando alguien a quien no conocía me hablaba en serio de mi arte.
Ella simplemente sonrió.
-Tomad vuestros IDGloves- dijo mientras nos entregaba unos guantes llenos de piezas metálicas y circuitos eléctricos- aquí está todo lo que sois en Rapture, vuestro nombre, vuestro dinero, donde vivís y lo más importante, que hacéis aquí. Ponéos los guantes.
Le hicimos caso y nos los pusimos.  El guante pesaba menos de lo que parecía a simple vista, y se ajustaba perfectamente a mi mano, dejando los dedos libres y con una completa movilidad.

-Ahora ya sois Ciudadanos de Rapture- dijo Norman- En tres días tendréis vuestra presentación en sociedad, veréis los planes en vuestra casa. Estad preparados, no querréis decepcionar a la ciudad...

1 comentario:

  1. Una grandiosa vuelta.¿Quién no querría ser un invitado a tu mente, escribiendo así?
    Espero ver la siguiente parte pronto, y que no vuelvas a dejar de publicar en un largo plazo de tiempo:)
    L.

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