lunes, 31 de octubre de 2011

Una Historia de Rapture. Parte 3

Ya habíamos terminado de grabar, y nos fuimos a descansar a casa. Me duché, y me senté a leer el periódico. Otro asesinato por Addam, la gente se estaba volviendo loca. Terminé con el periódico y me metí a la cama con Lucy. La besé, ya estaba dormida. Cerré los ojos y escuché su acompasada respiración, sonaba casi tan dulce como su voz. Me dormí con esa melodía en la cabeza.
Me desperté solo, Lucy ya se había ido, hoy ella grababa antes que yo. Me duché con tranquilidad. Cuando terminé de prepararme, me dirigí a desayunar. Abrí el cajón donde guardábamos el Addam y cogí una jeringuilla, estaba vacía, al igual que todas las demás. El pánico me pudo. Registré toda la casa, y cuando me cercioné de que no quedaba más Addam llamé a Lucy. Su voz sonó alegre en el teléfono:
-No nos quedaba dinero para comprar Addam, era o eso, o comida.- supe que había sonreído tristemente al otro lado del teléfono- Tranquilo, yo estoy grabando y no hay ningún problema, podrás hacerlo sin Addam, tienes talento, por eso te quiero.
Mi ansiedad disminuyó, Lucy siempre conseguía tranquilizarme. Me dirigí al estudio de Norman. Cuando llegué empecé a grabar, y me confundí. Me confundí una y otra vez, y Norman me reprendía por ello. Me estaba poniendo cada vez más nervioso.
-Tómate un descanso.- Me dijo Norman.
-No lo necesito, a la próxima saldrá.
-Pues parece que sí que lo necesitas.
-Lo que no necesito- dije, aumentando el tono de mi voz- es que em trates con condescendencia. Puedo con esto, y lo sabes.
-No, no puedes- contestó Norman, en el mismo tono que yo- Llevamos toda la tarde con la misma canción y se ve que no puedes...
-¡Cállate!- grité, levantándome y tirando algunos micrófonos.
-Vete fuera y relájate- dijo Norman.
-No necesito relajarme, necesito que te vayas y me dejes en paz.
-Soy tu jefe, Adrien, no puedo dejarte en paz y tú no puedes hablarme así.
Me acerqué a él y, mirándole a los ojos, le di un puñetazo en la cara. Él empezó a sangrar y me lo devolvió. La pelea duró menos de un minuto, y antes de darme cuenta, su cuello estaba entre mis manos, y Norman ya no respiraba. Cogí una aguja de Addam, se la clavé en el cuello y me llevé su Addam, me lo metí. Respiré hondo, me senté en el piano y toqué la obra, la toqué perfecta, hermosa y sin ningún error. Volví a empezar, y la puerta se abrió. Lucy entró sonriendo. Vió el cuerpo de Norman, ahogó un grito y me miró. Dejé de tocar y le sonreí:
-La obra me está quedando perfecta, ya era hora, después de toda la tarde intentándolo.
-Adrien- me dijo, nerviosa- ¿Que ha pasado?
-Nada, necesitaba Addam, inspiración, y la cogí de Norman, al fin y al cabo, es su trabajo.
-Tú has...
Ahogó otro grito y echó a correr.
-¡Cariño!- le grité- No te vayas.
Eché a correr detrás de ella. Salió del estudio y se subió a una autoburbuja. No me importó, sabía adonde había ido. En Rapture sólo podías refugiarte de las cosas horribles en un lugar, tu propia casa. Me fui con calma hacia su casa. Cuando llegué ella estaba sentada en el sofá. La abracé. Ella rompió a llorar.
-No llores, pequeña.- le dije.
Ella me miró, no respondió ni dejó de llorar, y volvió a bajar la vista. Me derrumbé, me arrodillé en el suelo frente a ella y empecé a llorar yo también:
-Haz que pare, por favor. -sollocé- Sólo... Sólo haz volver a una sonrisa y que brille, como... como antes...
Entonces ella me miró con sus ojos verdes, suspiró y me susurró:
-¿Cómo pudiste hacerme eso?
Pareció que el tiempo estaba parado. Descubrí que nunca se había parado cuando llegaron los Big Daddy's, me dejé coger por ellos, no quería separarme de Lucy, pero sabía que era lo que debía hacer. Me dejé coger y llevar a Factory Hole, la cámara de las fábricas.


La transformación fue todo lo rápida que pudo ser. Me desnudaron y me pusieron un traje complétamente metálico. Me dolió cuando el traje se clavó a mis nervios. Y me dolió mucho más cuando la máscara se clavó a mi cara.
Había dejado de ser Adrien, ya no sabía quién era, y tampoco me importaba. Cuando era necesario que me moviese, el traje me inyectaba suficiente Addam para que pudiese hacerlo, y cuando no me movía como debía hacerlo el traje me inyectaba suficiente dolor. Trabajaba en lo que me ordenaban, cuando me ordenaban, y donde me ordenaban. Hacía de camarero en fiestas, de peón de fábrica o construcción y, últimamente cada vez más, recogía cadáveres de todos los lugares, y no sólo de ciudadanos, también de otros Autómatas, Big Daddy's y Little Sisters.
Un día me enviaron a una casa a recoger un cadaver. El encargado del caso dijo que era una mujer, que "le había echo una mamada a su Beretta". Llegamos y abrimos la puerta. La mujer era delgada, su piel pálida estaba estropeada por la sangre, pero parecía muy hermosa, muy suave. Tenía los ojos abiertos, eran verdes. El encargado del caso le cogió la mano del IDGlove y la metió en un aparato:
-¿Cómo te llamabas?- dijo mientras miraba con curiosidad el aparato- Aham... Lucy.
Lucy, se llamaba Lucy, y ya no miraba nada con sus ojos verdes.

sábado, 29 de octubre de 2011

Una Historia de Rapture. Parte 2

Los tres días pasaron rápido, me acerqué a la sastrería que había visto en el anuncio desde la cabina, estaba regentada por Winston, sin ningún apellido, ya que allí las personas se consideraban únicas y no necesitaban un apellido para diferenciarse unos de otros. La Ssastrería Winston era la única de Rapture, al igual que sólo había una tienda de muebles y sólo una tienda que vendía cada cosa, y todo ello era mejor que lo mejor que había visto en la tierra. Pues aquí solo dejaban entrar a los mejores para que hiciesen lo mejor.
La fiesta de presentación se realizaba en una cámara llamada Soc Hall, la cual estaba formada por salas de ocio social, como el Teatro, el Auditorio, y la Sala de Fiestas. Me puse el traje de fiesta que me compré en la Sastrería Winston, un smoquin granate sin ninguna pieza metálica. Me sorprendió que no viniesen con el traje, pero Winston me explicó que las piezas metálicas no eran ornamentales, eran accesorios personalizados que los Ciudadanos necesitaban, aunque la mayoría de ellos no eran necesarios para las fiestas de presentación, con lo que no me compré ninguno en esos tres días.
Llegué a la fiesta un poco antes de las 20 horas. Norman me estaba esperando en la entrada. Me saludó y entramos a la Sala de Fiestas. La Sala de Fiestas se asemejaba a un cabaret, no era muy grande, la entrada se encontraba libre excepto por un mostrador que hacía las veces de ropero, más adelante había unas mesas situadas perfectamente para poder sentarse a mirar el escenario. Bajo el escenario se situaba la orquesta, la cual se veía gracias a que el escenario estaba echo de cristal. La gente se sentaba en las mesas mientras que camareros enmascarados y con más metal de lo habitual les servían copas.
-¿Quiénes son los camareros?- le pregunté a Norman.
-Amigo mío, has formulado mal la pregunta, lo correcto sería preguntar qué son.
-Y, ¿qué son?- respondí contrariado.
-Son nuestros Autómatas Sirvientes. Nuestros mayordomos mecánicos, por así decirlo.
-Pues parecen humanos.
-Eso, amigo mío, es por una razón muy simple: están echos a partir de seres humanos.- me contestó sin ningún tipo de expresión en su rostro, asumiendo que era lo más normal del mundo- Son, por así decirlo, robots con soporte humano.
-Pero... Norman... -balbuceé, confuso- ¿Quién... Quién se prestaría a tal cosa?
-Nadie, mi perplejo colega, nadie se prestaría a tal cosa.- Y, al ver mi expresión, continuó- Te explicaré, Adrien, esos humanos que están dentro de los Autómatas son los ciudadanos que se pasaron de la raya, los ciudadanos que pusieron en peligro nuestro afán de progreso, los ciudadanos que no supieron controlar sus impulsos para mejorar nuestra subacuática civilización. En conclusión, esos humanos son los criminales de Rapture, pero ya no son humanos, ahora son los Autómatas Sirvientes.
-Eso no es un poco...
Me interrumpí, Lucy acababa de entrar. Llevaba un vestio de fiesta largo y rojo. Se había recogido el pelo y llevaba los labios pintados del mismo color  que el vestido. Se acercó a mí y me dio un abrazo, me sentí vulgar a su lado.
-Es nuestro momento- me susurró al oído, sonriendo.
Cuando nos separamos, la expresión de Norman iba un poco más allá de la incredulidad. En el escenario apareció un hombre:
-Conciudadanos, amigos.- dijo por el micrófono- Hoy damos la bienvenida a nuestra Sociedad a 6 nuevos Ciudadanos, que nos mostrarán por qué están aquí.
La gente aplaudió.
-Comenzaremos con la técnica y después pasaremos al espectáculo. Así que, demos la bienvenida al doctor Cooper.
Un hombrecillo subió al escenario de cristal y dijo algunas cosas sobre un proyecto de física acerca del cual no entendí nada. Así se sucedieron otros dos hombrecillos más a los que no escuché. Después llegó un acróbata que hizo algunos trucos sencillos, probablemente por culpa de la poca movilidad que le dejaba el traje que se había puesto. Después llegó mi turno. Cuando subí al escenario, ya había un piano allí. Hice mi ritual: miré el piano lentamente, era precioso, negro, sin ninguna marca, hecho a mano. Me senté, subí la tapa del piano poco a poco y acaricié las teclas. Toqué una nota, mi nota favorita, si bemol, sonaba como un quejido lánguido, perfecto. Comencé a tocar, era una pieza sencilla, entretenida, solía acompañarse con voz, que contaba una historia trágica, preciosa. Pero, si sabías escuchar, la pieza contaba la historia por sí sola. Escogí esta pieza por eso mismo, no iban a ser ellos los únicos que me juzgarían a mí, yo también les juzgaría a ellos.
La pieza avanzaba poco a poco, se acercaba a la parte de la historia con delicadeza. Una cadencia,y llega la historia. Una voz comenzó a sonar, una mujer, cantaba la historia. Levanté la vista del piano, un vestido rojo se mecía al ritmo de la música, al ritmo de la voz más hermosa que había escuchado nunca. Lucy cantaba, y las lagrimas bajaba por mi cara y caían sobre las teclas del piano acompañando a la melodía. Ambos estábamos quietos, pero nuestras almas bailaban al son de la historia, y la representaban como si de una obra teatral se tratase.
La canción terminó y la música se apagó, y sobrevino el silencio. El silencio se rompió por el sonido de los tacones de Lucy, que se giró hacia mí. Una lágrima le caía por su mejilla izquierda sin alterar su maquillaje. Me levanté y miré a sus ojos verdes. Se acercó a mí, me abrazó, se estremeció, y me besó, sin importale que todo el mundo nos juzgaba desde abajo. El beso duró sólo un instante. Los diez minutos siguientes pasaron muy rápido, la gente aplaudía, ella me cogió de la mano y echamos a correr, me llevó a su casa e hicimos el amor.
Los meses se sucedieron, actuábamos todos los fines de semana, y entre semana grabábamos en el estudio de Norman, teníamos éxito y, sobre todo, nos teníamos a nosotros mismos. El Addam hacía que nuestro arte fuese cada vez mejor, el Addam hacía que nosotros fuésemos cada vez mejores, nuestra vida giraba en torno a nosotros y a nuestra música, y el Addam hacía que el giro fuese cada vez más rápido. Nunca tuvimos suficiente dinero para conseguir nuestra propia Little Sister, pero tampoco nos importaba, el Addam era fácil de conseguir para nosotros.
Pero el tiempo siempre hace que las cosas se pudran, y, a pesar de que nos la habían vendido como tal, Rapture no era la excepción. La gente dejó de mudarse a Rapture, y los crímenes se sucedían, los científicos o artistas obsoletos que no tenían suficiente dinero para conseguir Addam mataban al resto de las personas para sacarlo de sus cuerpos. La población de Rapture descendía rápidamente y la gente se sentía menos segura, el número de Big Daddy's aumentó, aunque los Big Daddy's solían proteger a las Little Sisters. La audiencia de nuestras actuaciones disminuyó, y tambien la audiencia del programa de Norman, entonces las vacas flacas llegaron. Y, poco a poco, llegó el día en que se nos acabó el Addam.

viernes, 21 de octubre de 2011

Una Historia de Rapture. Parte 1

Se la veía excitada en la cabina mientras descendíamos. Sus ojos brillaban mientras observaba la proyección y escuchaba lo que nos decía probablemente una grabación de voz. Muchos de los que bajaban con nosotros  hubieran dicho que ese brillo estaba provocado por el reflejo de la luz de la proyección en las capa protectora de líquido de sus ojos que se había incrementado por estar mirando fijamente la proyección durante mucho tiempo, e incluso sospecho que ella también lo hubiera dicho. La verdad es que yo quizá era demasiado irracional para estar allí, pero allá ellos, fueron los que me invitaron.

En aquel vídeo nos hablaron del lugar hacia el que estábamos bajando, aunque no supe bien si era mejor mirar al vídeo o al exterior de la cabina, pues esta era de cristal y nos mostraba un espectáculo embriagador. Rapture, la ciudad submarina a la que nos dirigíamos, nos daba la bienvenida con sus luces, sus enormes cámaras y sus tubos conectores por los que podría pasar un ornitóptero sin tocar las paredes. Rapture era la ciudad secreta de los genios locos. Aquí encontrarías a un científico capaz de clonar cien hombres y fusionarlos para hacer un cienpiés humano. Aquí encontrarías a un chef capaz de utilizar sangre humana para sazonar una ensalada que fuese la más sabrosa del mundo. Aquí encontrarías a un deportista capaz de dispararle a las piernas a su rival en medio de un maratón. Aquí encontrarías un músico que salvaría antes a un piano que al pianista, al menos podrías haberlo encontrado después de que entrásemos a la ciudad, pues ese era yo. Todos nosotros éramos invitados por el fundador, del que nada se sabía, y todos teníamos algo en común: éramos unos cobardes que huíamos de una sociedad que no nos dejaba hacer lo que queríamos, unos niños que se van a su cuarto cuando sus padres no les dejan jugar.

Entramos a una cámara con las paredes opacas, el vídeo terminó y comenzaron a pasar ante nuestro ojos carteles publicitarios: "Para la mejora de tu rendimiento, ¡Addam! Compra tu propia Little Sister desde 3000 créditos"; "Beretta 16, para cazar a tiros tiburones y vecinos"; "Sastrería Winston. A la última para tu presentación social desde 10 créditos"; "Autoburbujas Igneel, el transporte más rápido desde 50 créditos"; "Para proteger al Ciudadano, Big Daddy, la policía de Rapture". Sólo pude quedarme con los más grandes, pues el resto no conseguía verlos del todo con la velocidad a la que íbamos, aunque al terminar el recorrido tenía la sensación de que conocía todos los nuevos productos que se anunciaban en la entrada a Rapture.  La cabina paró suavemente y todos bajamos al vestíbulo del Welcome Hole, que era el nombre de la cámara en cuestión.

El susodicho vestíbulo estaba lleno de gente, los hombres vestían con smoquin de tonos marrones o negros y un sombrero de copa a juego, todos ellos llenos de piezas metálicas que parecían no tener alguna función. Las mujeres vestían pantalones ajustados y blusas de diferentes colores, o vestidos largos de colores vivos. Norman llevaba un smoquin granate casi sin piezas metálicas y un sombrero de copa negro del que salía un sistema que se ajustaba a su oreja derecha. Cogí mi mochila y fui a encontrarme con él. Al encontrarme con él apareció ella a nuestro lado, era morena y sus ojos verdes miraban con curiosidad a todo menos a Norman.  Norman nos miró a ambos y sonrió:
-Adrien- dijo mientras me tendía la mano- me alegra que finalmente hayas decidido venir.
Estreché su mano sin que disminuyese la curiosidad que tenía por ella. Él la abrazó:
-Lucy, no conoces a Adrien, ¿verdad?
Lucy, se llamaba Lucy, y me miró con sus ojos verdes:
-Le he escuchado- dijo, dirigiéndose más a mí que a Norman-, ¿suficiente?
-Depende de si has escuchado de verdad o no...- contesté, solía ponerme nervioso cuando alguien a quien no conocía me hablaba en serio de mi arte.
Ella simplemente sonrió.
-Tomad vuestros IDGloves- dijo mientras nos entregaba unos guantes llenos de piezas metálicas y circuitos eléctricos- aquí está todo lo que sois en Rapture, vuestro nombre, vuestro dinero, donde vivís y lo más importante, que hacéis aquí. Ponéos los guantes.
Le hicimos caso y nos los pusimos.  El guante pesaba menos de lo que parecía a simple vista, y se ajustaba perfectamente a mi mano, dejando los dedos libres y con una completa movilidad.

-Ahora ya sois Ciudadanos de Rapture- dijo Norman- En tres días tendréis vuestra presentación en sociedad, veréis los planes en vuestra casa. Estad preparados, no querréis decepcionar a la ciudad...

jueves, 17 de febrero de 2011

Diez mil millones más infinito

"-Hay diez mil millones más infinito mundos dentro de cada persona. Algunos son de cordura, y otros tantos también son de cordura, un número enorme están cabreados, y otro número infinito pero no igual están contentos. A otros es divertido verlos reír, aunque en realidad no ríen ellos, en realidad ríen los infinitos millones de millones de minitúes que se encuentran en ellos,  unos ríen como hienas, la risa de otros es divertida, unos son unas y ríen tímidos y coquetos, otros no tienen la boca adaptada a reír, otros son monstruos y no quieren reírse...
-¡Te colaste! ¡Los monstruos no existen!
-Eso depende de por donde lo mires, el viejo Stephen decía que los monstruos existen, que viven en nuestro interior, y que a veces, ellos ganan. Y los monstruos de Stephen siempre te han dado miedo.
-¡Es cierto! ¿Y en qué mundo viven los monstruos de Stephen?
-¡Hay diez mil millones mas infinito mundos!¿Cómo quieres que lo sepa?
-Son los tuyos.
-O los tuyos, pero ahora, ¿cómo sabes que tú eres tuyo?
-Porque fuí el primero que me encontré.
-¡Ah! Buena idea, tendré que reclamarme al Estado.
-Ahora que eres tuyo, ¿dónde están los monstruos?
-Están muchos en muchos sitios, habría que estar jugando diez mil años con infinitas pelotas de ping pong.
-Podríamos mezclarlas todas y hacer una más grande.
-¡Genial! Sería como una gran bola de plastilina.
-Y de muchos colores y minitúes.
-Oh no, es una mala idea.
-¿Por qué?
-Obviamente por los restos de plastilina que se te quedan en las uñas. Imagínate que en esos restos te quedas con un minitú, la guerra que te daría... O peor aún, te quedas con un minitú y un minitú que es una y, por azar, vas por la calle tan tranquilo y te cruzas con alguien que lee el Génesis en voz alta y los minitúes de tus uñas oyen aquello de "Ahora poblad esta tierra, y sometedla",¡imagina la que te podría montar!
-Es verdad, los mundos de dentro no se pueden sacar. Entonces, volvamos al de fuera"

Se giró:
- Perdona, ¿me puedes dejar tus apuntes? No me dió tiempo a copiarlo todo...



Feliz cumpleaños Alexandra. :)

lunes, 10 de enero de 2011

Respiración

- Su espíritu se revolvía dentro de su cárcel, chocando contra las paredes como un perro rabioso, y algunas veces hacía mella en su prisión.

-¿Quieres decir que se volvía loco?

- No, que va. Tan sólo se volvía, para el de dentro era suficiente con una embestida al mes para quedar saciado. Y el de fuera se conformaba con respirarse una vez cada poco.

- ¿Respirarse?

- Sí, respirarse. ¿No lo has echo nunca? Normalmente olemos bien, hay excepciones, como en todo, pero las excepciones duran poco, su olor les causa la muerte.

Toma aire de manera exagerada:

- A veces... cuando sudamos... canta un poco...

- No hablo de ese olor, hablo del olor de dentro, ese que respiramos hacia a fuera cuando nuestro espíritu pelea por salir y lo consigue.
"No podría describirte esa sensación, pues depende de cada uno y cada uno debe vivirla.
Para unos no consiste en nada, pues su espíritu está fuera todo el tiempo, pero pequeño, no creas que esos son los más fuertes, cuanto más tienes fuera, a mayor cantidad puede llegar el resto, esos que olían mal, son pocos, pero un uno por ciento de seis millones de personas es demasiado, ¿no?.
Para otros es muy fuerte, los que nunca dejan salir nada de lo que tienen dentro, pues les da miedo ser como los primeros, y hacen cualquier cosa; un cambio, teniendo en cuenta que un cambio sólo es el hecho que resulta del acto de cambiar, y puedes cambiarte desde de ropa hasta de vida; lloran hasta la saciedad, por el simple hecho de que sus acciones ya dijeron bastante por ellos y prefieren atrofiarse los ojos antes que los músculos; ríen, ríen sin parar, tanto que llegan a considerarlos locos y les dejan encerrados; los mas valientes, los de la sensación mas fuerte de todas, incluso llegan a pensar... "

- ¿Y cómo sucedía para él?

- ¿Él? Él cambiaba de corbata y se ponía calcetines de niño por debajo de los negros de su traje de ejecutivo.

- ¿Y tú? ¿Qué haces cuando te sucede?

- ¿Yo? Yo sólo enseño al resto a respirar.



Y respirar... Tan fuerte que se rompa el aire...

Para Verónica. Feliz Cumpleaños.